
Take a walk on the wild side by Ángela Fernández González is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.
jueves, 26 de abril de 2012
Sex on fire.
Llega un leve rumor con esencia de Johnny Cash. El aire cargado de sudor y jadeos resulta agradablemente irrespirable. Mientras, el sol del atardecer se cuela entre las rendijas de las persianas, sacando a relucir motas de polvo flotante que acarician su espalda en la penumbra. Y ella las odia por ello.
Esa espalda es tan suya que le tortura el simple hecho de que alguien que no sea ella pueda tocarla. Se arrastra por la alfombra hacia él, desesperada, y le rodea la cintura. Se aferra a él como si en cualquier momento fuera a desvanecerse. Pero no lo hará, nunca.
Le acaricia los hombros con el filo de sus dientes, para ir poco a poco abriéndose paso hacia su cuello y terminar recorriendo el inicio de su columna vertebral con la lengua. Él nota palpitar su acelerado corazón sobre su espalda desnuda y se gira para seguir con lo que antes no terminó, para encontrar su boca entreabierta esperando por su saliva, para comerse su orgullo y lo que ella quiera .
Y tienen todo el tiempo del mundo. Ahí, en esa alfombra, que todavía le quedan muchos arañazos y rozaduras por aguantar.
martes, 17 de abril de 2012
Hoy y siempre.
- Déjame pedirte una cosa.
- ¿Qué puedo darte que no lo haya hecho ya?
- Escúchame, probablemente sea lo más difícil que te haya pedido hasta ahora. Quiero que siempre me mires justo como lo haces ahora, de esa forma que nadie nunca antes lo ha hecho. Quiero que me beses como si fuera la primera y la última vez que eso ocurre. Quiero que nos riamos y que nadie entienda por qué. Quiero que me cuentes cada cosa que pasa por tu cabeza y que cuando yo lo haga, me escuches como si no hubiera ningún otro sonido en el mundo que no fuera mi voz. Quiero que me toques, a veces como si fuera a romperme en cualquier momento y otras como si fuera más dura que el acero. Quiero que cada vez que me abraces, de lo fuerte que lo hagas, pueda sentir tu corazón contra mi pecho.Quiero que aún cuando nos saquemos de quicio, a pesar del miedo a perdernos, sepamos que todo va a volver a estar bien. Realmente no pido nada que no estés haciendo ahora, sólo pido que siempre sea igual. Quiero que me quieras, todos los días.
- No tienes por qué pedirme eso, es imposible que no lo haga. Te quiero, hoy y siempre.
miércoles, 11 de abril de 2012
Sin aditivos.
- Creo que me vendría bien intentar mejorar un poco.
- ¿Mejorar? ¿En qué sentido?
- Sí, ya sabes, cambiar todas esas cosas capaces de sacar de quicio a cualquiera.
- Lo siento, pero no logro entender a qué te refieres.
- Por ejemplo, cuando me entrán los celos, así sin motivo, o cuando me enfado, y no pienso lo que digo o cuando...
- Para, para. ¿No lo entiendes, verdad? Cada una de esas cosas forman parte de ti, te hacen único y especial entre millones. No quiero nada que me robe un poco de tu esencia, de lo que eres, sin aditivos. Realmente me hace gracia cuando te pones celoso, no te imaginas lo ridículo que me resulta que puedas pensar que puedo tener otra cosa en la cabeza que no seas tú. Creéme, aunque no quisiera, que por supuesto, quiero, formas parte de mí, más aún que la sangre que corre por mis venas, y eso es algo que nada puede cambiar. Y cuando te enfadas y me enfado, tengo que reconocer que me acojona la sola posibilidad de perderte, a tí, que eres la suerte de mi vida. Aún así, trato de pensar en la reconciliación, en volver a oír tu risa, y en como me vas abrazar, en recorrerte la columna con la punta de los dedos, y en lo bien que se siente tu piel sobre la mía. Eso que tú quieres cambiar, es lo que más se echa de menos cuando no te tengo.
- ¿Mejorar? ¿En qué sentido?
- Sí, ya sabes, cambiar todas esas cosas capaces de sacar de quicio a cualquiera.
- Lo siento, pero no logro entender a qué te refieres.
- Por ejemplo, cuando me entrán los celos, así sin motivo, o cuando me enfado, y no pienso lo que digo o cuando...
- Para, para. ¿No lo entiendes, verdad? Cada una de esas cosas forman parte de ti, te hacen único y especial entre millones. No quiero nada que me robe un poco de tu esencia, de lo que eres, sin aditivos. Realmente me hace gracia cuando te pones celoso, no te imaginas lo ridículo que me resulta que puedas pensar que puedo tener otra cosa en la cabeza que no seas tú. Creéme, aunque no quisiera, que por supuesto, quiero, formas parte de mí, más aún que la sangre que corre por mis venas, y eso es algo que nada puede cambiar. Y cuando te enfadas y me enfado, tengo que reconocer que me acojona la sola posibilidad de perderte, a tí, que eres la suerte de mi vida. Aún así, trato de pensar en la reconciliación, en volver a oír tu risa, y en como me vas abrazar, en recorrerte la columna con la punta de los dedos, y en lo bien que se siente tu piel sobre la mía. Eso que tú quieres cambiar, es lo que más se echa de menos cuando no te tengo.
jueves, 24 de marzo de 2011
Siempre conmigo.
No me habléis de lo que es la felicidad si no le conocéis, no me digáis que es empezar un día con buen pie si nunca habéis despertado a su lado, no os atreváis a dejaros llevar si no son sus manos las que os guíen. Podría decir que siempre le llevo conmigo, pero quizás sea más acertado jurar que ya es parte de mi. Sólo hace falta mirar en sus ojos para saber que es él, que no hay nadie más que cause ese efecto sobre mi, ese efecto que hace que me tiemblen las rodillas con un mísero roce de su piel, que consigue hacerme volar por encima de todo con los pies pegados al suelo, que me lleva a recorrer el mundo desde los bancos del parque, que sus heridas me duelen a mi y que me hace capaz de cualquier cosa con tal de hacerle sonreír. Que no hay nadie a quien pueda deberle tanta felicidad en tan poco tiempo.
miércoles, 16 de febrero de 2011
Quién no arriesga, no gana
- Y ahora pienso, ¿qué hubiera pasado si no hubiera arriesgado? ¿Cómo podría vivir sin todo esto?
- No entiendo a qué te refieres...
- Verás, yo siempre había dicho que quién no arriesga no gana, pero mi experiencia me decía que todas las veces que había arriesgado había acabado con las manos vacías. Pero entonces llegaste tú, y cambiaste todo. Me salvaste, en todos los sentidos posibles. Es cómo si hubieras conseguido que volviera a nacer. Le diste vida a mi corazón. Me cogiste con fuerza la mano y me sentí valiente, capaz de cualquier cosa. No había nada que me detuviera. Fuera donde fuera, aunque no estuvieras allí, tu sonrisa siempre venía conmigo. Desde entonces, me molestaba cualquier roce que no fuera de tu piel y los caminos sobre tu cuerpo me parecían más interesantes cada vez que los recorría. Y así sigue siendo desde que te conocí.
domingo, 30 de enero de 2011
Despertando.
domingo, 9 de enero de 2011
Lo supe.
- Lo supe, desde el primer momento en que te vi, lo supe...
- ¿Qué supiste?
- Que eras lo que necesitaba. Sólo tuve que ver esa sonrisa, esa forma de moverte... No sé, ni siquiera puedo explicarlo. Simplemente comprendí que eras lo que tanto tiempo había esperado sin saberlo. Al principio tenía miedo de que todo fuera un sueño, una ilusión que se hubiera pasado de la raya. Pero luego llegaron las ganas, las ganas que tenía de olerte, de tocarte, de quedarme un trocito de tu piel para tenerte siempre conmigo...Y entonces me di cuenta de que era real, de que existías y de que estabas conmigo, y de que era feliz...
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